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Historia de Sumo / Biografia de Luca Prodan

El último recital de Sumo fue en el estadio del Club Atlético Los Andes el 20 de diciembre de 1987. A este concierto no acudió mucha gente, solamente 500 personas. Luca llegó borracho ese domingo por la tarde al club Los Andes. Estaba mas mal que de costumbre, y se peleó con un control, que no lo dejaba pasar con una botella de ginebra. Después subieron al escenario. Sería su ultima actuación y posiblemente lo sabía y sucedió que por primera vez en la historia de Sumo, Luca hizo dos veces "Fuck You", es decir, terminó el tema, se dió vuelta, dijo "otra vez" y lo cantó de nuevo. Sus ex compañeros recordaron más tarde que esa noche, momentos antes de interpretar esa poderosa versión de Fuck you, Luca dijo: "ahí va la última". Y fue el final. No hubo mas.

Luca murió entre las 9 de la noche del lunes 21 y las 3 de la mañana del martes 22. Lo encontraron en la cama, en posición casi fetal y con una sonrisa en la boca. Se terminaba la realidad, empezaba el mito. Su cuerpo descansa en el cementerio de Avellaneda, a donde centenares de fans, viejos y nuevos, le rinden tributo semana a semana.

Lista de Temas del ultimo recital: No tan Distintos (1989), Breaking Away, Crua Chan, La Quiero Ya, Don't Turn Blue, El Ojo Blindado, Estallando desde el Océano, Viejos Vinagres, Divided By Joy, Fuck You!, Fuck You!
 

Documental sobre el último recital de Sumo en Lomas.
Mas videos de Sumo: Fuck You, Regtest, Divididos por la felicidad, Que me pisen, Mejor no hablar de ciertas cosas, Kaya, Heroina

Revista Sudestada
Luca Prodan: Una trompada al rock
Por: Ignacio Portela, Hugo Montero

«Chau, fuck you, a la mierda con este circo y con el rock», gritó. Pero entró, o lo metieron, para ser más claros. La cancha de Los Andes le ofreció al pelado un paisaje desolador: mientras del escenario se sacudían los acoples de las últimas pruebas de sonido, en el campo casi nadie se asomaba. Más allá, lejísimo, en la tribuna, un puñado de remeras negras se confundían con los colores de esa noche de diciembre. Hablaba el pelado, y le hablaban todos, conocidos, amigos y perfectos extraños, pero todos sentían el privilegio de ponerse a charlar con el pelado por un rato, como si el recital no fuera más que una excusa trivial para juntarse un rato a tomar una ginebra y a cagarse de la risa y a gritar canciones perdidas entre gritos. Se ahogó el pelado en un momento, se atragantó con los gritos ajenos y se perdió, mientras caminaba hacia lo que sospechaba que eran los vestuarios de la banda. ¿Dónde carajo estoy?, pensó entonces, y lo dijo en voz alta. No le importó que le explicaran donde ubicar en el mapa a Lomas de Zamora, no le importaba saber en realidad. La pregunta era otra cosa. Y estaba solo, rodeado de gente el pelado, pero solo. Más solo que nunca. Se ahogó con la ginebra y tosió un buen rato, y sintió como la tos penetrante le rascaba los pulmones, como le estremecía todo el cuerpo flaco y le llegaba hasta los huesos, doloridos. Atragantado como estaba, no pudo seguir la marcha. De lejos llegaban los ruidos de una viola eléctrica acoplando a lo bestia, y las luces del estadio que estaban prendidas no le hacían fuerza a la noche. Miró a la gente, y no llegó a escuchar sus conversaciones, no les pudo ver las caras, lejos, en las tribunas. Lo llevaba la gente, lo empujaba, pero estaba solo, lejos del ruido, lejos del circo, lejos de esa noche que se parecía demasiado a las otras. No veía las sierras de Córdoba el pelado, no veía a Stephanie con su inglés inconmovible perdida en el silencio del monte, no veía a Timmy tampoco, apenas si se acordaba lo que habían hablado un par de días antes: cobrar unos mangos en Sadaic, internarse en esa clínica, lejos, bien lejos, ahí donde no conociera nada, en Formosa, jodía.

A la mierda con el circo, repetía, mientras cuatro o cinco lo iban empujando rumbo a los vestuarios. Cansado, perdido, solo, Luca marchaba rumbo al ritual. No miró atrás en ningún momento, la noche de Lomas lo esperaba y unas cien personas se acomodaban en la inmensidad de las tribunas de Los Andes. Ellos también venían a ver el circo. De lejos, podía adivinarse la pelada de Luca, más flaco que nunca, caminando. Alrededor, cada vez más gente, cada vez más solo. De adentro lo veían llegar, justo cuando la noche se transformaba en madrugada. Cada vez más ruido, Luca, ahí viene che, cada vez más tarde. Cada vez más solo.

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